La música como técnica de estudio

Sin duda, la mejora de la concentración es variable de persona a persona.
A muchos les molesta la voz del cantante, pero mejoran su concentración con piezas instrumentales. Otras personas disfrutan de un texto si lo acompañan con un fondo de ópera. Tenemos, por tanto, una gran variedad de preferencias y de resultados.

Resulta contradictorio que podamos concentrarnos al cien por cien en una tarea si la compartimos con otra al mismo tiempo. Es decir, si prestamos atención a una de ellas –en este caso escuchar música– la otra –leer, asimilar, resolver– quedará desatendida.

Por ejemplo, está demostrado que no son útiles los ritmos repetitivos, ya que resultan muy aburridos y el cerebro no encuentra la chispa novedosa que le hace estar alerta. Tampoco funcionan bien los ritmos muy complejos y caóticos, como los del free jazz, porque no hay un patrón definido y el cerebro no se calma.

Según algunos expertos, la clave está en encontrar el punto medio. Este aparece en ritmos similares al funk como los de James Brown.

Un estudio llevado a cabo por el grupo del profesor Morten Kringelbach revela que nuestras redes neuronales tienen mayor preferencia por este estilo musical porque no es ni muy predecible ni muy caótico.

Sabemos que escuchar música produce una serie de emociones que causan reacciones fisiológicas y modifican nuestro estado de ánimo.

Estas sensaciones placenteras nos predisponen a la acción, también a la cognición. Nuestra música favorita no solo nos proporciona felicidad, sino que mejora la concentración, nuestro rendimiento laboral y, en ocasiones, el intelectual.

Así lo demostró la investigadora Teresa Lesiuk, tras estudiar el efecto de la música en los trabajadores de una pequeña empresa. Estos terminaban sus tareas más rápido y generaban ideas más originales que los que trabajaban en silencio. Si estamos contentos, somos más creativos.

La música tiene otra ventaja. En el momento en el que nos ponemos los auriculares, nos protegemos del resto de distracciones.

El mecanismo es sencillo: nuestro cerebro tiene dos sistemas de atención: uno consciente, que nosotros controlamos, y uno inconsciente, llamado red neuronal por defecto, que actúa por su cuenta.

Este sistema inconsciente no se cierra mientras llevamos a cabo una tarea, así que hasta el ruido más ligero puede acabar con nuestra concentración: del tic-tac de un reloj al zumbido de la nevera.

La música calma la actividad de esta red por defecto y minimiza la actividad entre áreas del cerebro responsables de un estado de alerta permanente que nos ha ayudado a sobrevivir como especie.

La conlusión es que todo depende del tipo de música y del tipo de tarea que estemos por realizar

Toma en cuenta los factores científicos analizados en este artículo para tener mayor éxito en tus deberes.